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martes, 27 de septiembre de 2011

SE COLOCAN LAS LETRAS UNA TRAS OTRA


Se colocan las letras una tras otra y al hacerlo, siento que algo toca su fin. Se colocan las letras una tras otra como si conocieran su destino, como si tuvieran existencia propia. No sirve cualquier letra para darme cuenta de algo que termina, de algo que se acaba. No me gusta la cambria ni la calibrí ni la arial ni la verdana. Solo escribo con la book antiqua, con la book antiqua 12 y justificada. No sé porque me gusta justificarlo todo. Limpia, cuerpo 12 y justificada, la palabra me enseña el vacio que hay en el alma. La vida se acaba.
De otras vidas vividas me viene un especial recuerdo con olor a naftalina. La academia de mecanografía y taquigrafía de la calle Cardenal Landázuri.
El galopar ensordecedor de las viejas Underwood machacando sin cesar el sándwich de papel y calco. El tufo a disolvente utilizado en la limpieza de los tipos de las máquinas. La luz tenue de de las bombillas de incandescencia. El profesor en medio de la sala observando a cada alumno.
Era el taquígrafo de la Diputación, funcionario. Había montado en el salón de su casa un negocio para ocupar sus tardes y rentabilizar así la sabiduría acumulada a través de décadas de taquimecanógrafo.
Diez metros cuadrados de salón. Diez mesas con sus respectivas maquinas de escribir Underwood. Una vez sentados nadie se podía mover del sitio hasta finalizar la sesión de prácticas. Una hora golpeando aquéllas duras teclas, q w e r t. p o i u y. qwert poiuy. Asdfg ñlkjh. Zxcvb .,mnb. Y vuelta a empezar. Cada dedo una tecla, cada tecla una letra. Cientos de veces, miles de folios. Cuantos árboles caídos. Qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy.
Ocupó mi mente muchos días y muchas horas cada día qwert poiuy. No significaba nada pero tenía un sonido mágico un poder especial, daba la sensación de libertad de gozo, de placer. qwert poiuy. No sucedía lo mismo con Asdfg ñlkjh. Mis sensaciones eran justo contrarias a qwert poiuy y sin embargo todas eran palabras vacías y sin sentido alguno. Mientras colocaba el papel y el calcante en el tambor de la máquina sentía una cierta avidez por comenzar a golpear las viejas teclas de la Underwood. Ningún error, ni un solo fallo qwert poiuy. Era algo mágico, algo positivo.
A medida que el otoño penetra en mi piel dejándome un amargo sabor a depresión, asdfg ñlkjhg se hace presente en mi cerebro transportándome en el tiempo a la calle Cardenal Landázuri, a la umbría academia de taquimecanografía donde repito una y otra vez, asdfg ñlkjhg, asdfg ñlkjhg, asdfg ñlkjhg. Asdfg ñlkjhg de malos presagios, de mal fario, de algo que toca a su fin.