sábado, 14 de octubre de 2023

LAS HORMIGAS

El sol se alzaba en el horizonte, despejando las sombras que habían envuelto el jardín durante la noche. Me senté en el césped, con una taza de café caliente en una mano y un cuaderno en la otra por si la creatividad se hacía presente para escribir un nuevo podcast.

Observé el pequeño hormiguero que se había formado cerca del invernadero. Me llamaba la atención cómo las hormigas trabajaban sin descanso, moviéndose en un vaivén constante de ida y vuelta. Aquel rincón de la finca era un verdadero mundo en miniatura.

El hormiguero parecía un caótico laberinto, pero estaba convencido de la existencia de un orden milimétrico detrás de la aparente confusión que había.

Admiraba la precisión con la que las hormigas se movían, cada una cumpliendo su función de manera impecable. Algunas de ellas cargaban pedacitos de hojas, mientras otras transportaban migajas de comida. La coordinación era asombrosa, como si cada hormiga supiera exactamente qué hacer sin necesidad de comunicarse verbalmente ni de revivir órdenes de nadie.

Contemplaba el trabajo de las hormigas como si estuviera viendo una obra de teatro. Era como un ballet coreografiado por la naturaleza. Me preguntaba si las hormigas eran conscientes de la importancia de su labor. ¿Sabían que estaban construyendo y manteniendo un hogar? ¿O simplemente seguían un instinto sin cuestionar su propósito?

A medida que pasaban los minutos, comencé a notar detalles que no había percibido antes. Algunas hormigas tropezaban y caían, pero inmediatamente otras acudían en su ayuda, ayudándolas a levantarse y continuar su camino. Era un ejemplo de solidaridad en su forma más pura. Entonces anoté en mi cuaderno: "Lecciones de trabajo en equipo de las hormigas".

El hormiguero parecía una metrópolis en constante movimiento. Las hormigas entraban y salían de túneles subterráneos, llevando consigo las pequeñas partículas de tierra que habían excavado.

Me asombré ante la eficiencia con la que construían su mundo bajo tierra. Era un recordatorio de la capacidad de la naturaleza para adaptarse y crear, incluso en las condiciones más desafiantes.

A medida que el sol ascendía en el cielo, las sombras se acortaban y las temperaturas aumentaban.

Noté entonces que algunas hormigas llevaban hojas más grandes, lo que me hizo pensar que estaban preparándose para enfrentar la jornada calurosa. Era como si fueran expertos en logística, anticipando las necesidades de su comunidad y actuando en consecuencia.

En medio de la contemplación, me di cuenta de que las hormigas eran un recordatorio de la importancia de la constancia y la dedicación en la vida.

A menudo, en mi ajetreada rutina, me sentía abrumado por la urgencia de las tareas diarias. Pero al observar a estas pequeñas criaturas, comprendí que el trabajo constante y bien coordinado podía lograr grandes cosas.

Mientras las hormigas continuaban su incansable labor, terminé mi taza de café y cerré mi cuaderno.

Me levanté del césped con una sensación de paz y admiración. Aquel pequeño hormiguero en le finca me había brindado una lección valiosa sobre la importancia del trabajo en equipo, la adaptabilidad y la dedicación.

Era un recordatorio de que, a veces, basta con detenerse y contemplar el mundo que nos rodea para encontrar inspiración en las cosas más simples.

Me comprometí entonces a aplicar estas lecciones en la vida cotidiana y a recordar a menudo el asombroso espectáculo de las hormigas en la naturaleza.