viernes, 28 de noviembre de 2025

 EL ASEO DIARIO

 Cada mañana se levanta la misma rutina, como un reloj sin alma que, sin embargo, nos exige pulcritud.

El cuerpo, que apenas ha despertado, ya es llamado al juicio de la higiene, como si el sueño lo hubiera manchado de pecado.

Nos miramos al espejo con ojos vencidos, reconociendo el rostro de un náufrago que aún no ha tocado tierra.

Cepillar los dientes no es un acto heroico, pero se siente como tal cuando el alma aún bosteza.

La ducha, ese diluvio obligatorio, no cae con frescura sino con mandato.
Frotarse el cuero cabelludo es retarle al tedio, esperando que con la espuma se lave también el hastío.

El jabón se desliza como una obligación suave, sin pasión, sin gloria. Solo deber.

Cada parte del cuerpo reclama atención como un niño caprichoso en medio de una fila eterna.

Y qué decir del secado, esa ceremonia sin honor ni recompensa.

Luego viene la danza de cremas, perfumes, ungüentos prometedores que huelen a industria más que a humanidad.

Afeitarse es el ritual de guerra sin batalla, rasgando el rostro como quien borra una firma que vuelve cada día.

Las uñas, esas lunas tercas, hay que limarlas, cortarlas, suplicarles orden.
Peinarse no es moldear el cabello, es negociar con él como con un rebelde sin causa.

Ropa limpia, como si el cuerpo sucio no pudiera ser amado. ¿Y si un día me visto de mí mismo, sin filtros?

Hay días en que quisiera oler a bosque salvaje y no a jabón con nombres franceses.

Pero el mundo exige presencia higiénica, como si ser pulcro fuera sinónimo de ser bueno.

Así que cada día, uno se baña también del cansancio de tener que parecer humano para ser aceptado.

También podrás escucharlo en  https://youtu.be/0zNgayH97-E  


 ¿DISCUSIONES?

En toda relación de pareja, las discusiones son inevitables y pueden ser saludables siempre y cuando se manejen adecuadamente. Sin embargo, durante estas discusiones puede haber tanto verdad como mentira en lo que cada parte dice.

Por un lado, es importante reconocer que cada persona tiene su propia perspectiva y su propia verdad. Cada uno tiene sus propias experiencias, emociones y pensamientos que influyen en su percepción de la situación. En este sentido, lo que una persona dice durante una discusión puede ser cierto desde su punto de vista y es importante respetar esa perspectiva. Es fundamental escuchar activamente al otro, sin interrumpir ni juzgar, para poder entender su punto de vista y llegar a una solución satisfactoria para ambos.

Por otro lado, en algunas discusiones de pareja puede haber mentiras o tergiversaciones por parte de alguna de las partes. Estas mentiras pueden ser por miedo a la reacción del otro, por vergüenza, por proteger a alguien o para evitar enfrentar la realidad. Las mentiras pueden ser tanto verbales como no verbales, como cuando alguien evade una pregunta o cambia de tema para evitar hablar de algo que no quiere admitir.

Es importante que ambas partes sean honestas y transparentes durante las discusiones de pareja, incluso si lo que tienen que decir es difícil o incómodo. La honestidad es fundamental para construir una relación basada en la confianza y la comprensión mutua. Cuando alguien miente o tergiversa la verdad, erosiona la confianza y hace que la otra persona se sienta traicionada y herida.

En resumen, en las discusiones de pareja puede haber tanto verdad como mentira. Es importante reconocer que cada persona tiene su propia perspectiva y su propia verdad, pero también es fundamental que ambas partes sean honestas y transparentes durante la discusión para construir una relación basada en la confianza y la comprensión mutua. Escuchar activamente y tratar de entender la perspectiva del otro puede ayudar a resolver los conflictos de manera efectiva y fortalecer la relación.


 CONTRA EL OLVIDO. EL REGRESO DEL FASCISMO

Olvidamos demasiado pronto.

Olvidamos que el fascismo persiguió, torturó, desapareció, silenció.
Olvidamos que hubo gritos en las cárceles, libros quemados, ideas prohibidas, cuerpos tirados en cunetas.

Olvidamos que las libertades se conquistaron con sangre, con huelgas, con valentía. Hoy, mientras las derechas avanzan disfrazadas de modernidad, lo que está en juego es exactamente lo mismo:

Libertad, justicia, derechos. Dignidad.

El fascismo de ayer hoy viste de traje, sonríe en televisión, se presenta como "sentido común".

Pero detrás de sus palabras pulidas está la misma agenda:
Recortes, represión, odio al diferente, desprecio a lo público, criminalización del pobre.

No es nuevo. Ya lo vimos. Ya lo vivimos.

Hoy, en países como Argentina, vemos cómo el discurso reaccionario se convierte en política de Estado.

Los derechos retroceden. La miseria avanza. El autoritarismo se normaliza.
¿Vamos a permitir lo mismo aquí?
¿Vamos a avalar con nuestro voto a quienes se burlan del feminismo, de los sindicatos, de los jóvenes, de los mayores?

La clase trabajadora no puede aliarse con sus verdugos.
Las mujeres no pueden entregar sus conquistas a quienes las niegan.
Los jóvenes no pueden hipotecar su futuro por un puñado de mentiras.
Los pensionistas no pueden volver a tiempos donde sobrevivir era una lucha diaria.

No hay excusas. No hay inocencia en el olvido.

Quien vota a la derecha ya sabe lo que vota.
Y quien lo hace, no puede arrepentirse después como si no lo hubiera sabido.

Porque cuando los derechos desaparecen, ya es tarde para lamentos.
La historia no se borra. Pero puede repetirse.
Y esta vez, si vuelve el fascismo,

no será porque llegó solo: será porque lo dejamos entrar.

También podrás escucharlo en:   https://youtu.be/leCk_3rnuQk


 CONSTRUYAMOS UN PENSAMIENTO PROPIO

En la quietud de las cosas sencillas encontramos el pulso verdadero del mundo.

La inacción, lejos de ser un vacío, se transforma en un refugio donde la mente se aclara y el cuerpo recuerda que también sabe descansar sin culpa.

Contemplar es permitir que el tiempo repose sobre nosotros sin exigirle nada.

Es mirar lo pequeño —una sombra, un gesto, un soplo— y descubrir que allí se esconden las respuestas que las prisas nunca muestran.
Reflexionar es detener la corriente del ruido para escuchar el pensamiento propio.

Esa voz íntima que no nace de modas ni consignas, sino del roce entre nuestra experiencia y nuestras dudas.

Construir una opinión propia implica abrazar nuestra historia personal, la cultura que nos nutrió, los libros que nos moldearon, y también los silencios que nos obligaron a mirarnos sin disfraces.

Es necesario alejarse de estereotipos, de mentiras repetidas hasta parecer verdades, y de los bulos que infectan la mente cuando el criterio se deja a la intemperie.

Solo el razonamiento lógico, templado por la observación atenta, puede ofrecernos un suelo firme desde el cual pensar.

La naturaleza y el comportamiento humano, vistos a través de los siglos, nos enseñan que cada acto, por mínimo que sea, derrama consecuencias.
Una palabra, un gesto, una omisión: todo es semilla de algo que crecerá.
Por eso debemos construir un YO propio, irrepetible, libre de demagogias consumistas y deseos prestados, un yo que no se confunda con la masa sino que la ilumine.

En estos tiempos cargados de súper información, donde la verdad y la mentira se disfrazan con la misma máscara, repasemos la historia y volvamos a los filósofos antiguos y contemporáneos.

Solo así podremos forjar una opinión limpia, sólida, capaz de mantenerse a salvo de la mierda cotidiana que intenta ahogarlo todo.

También podrás escucharlo en:  https://youtu.be/YwZTy70DJnw  

 

CARRETERA SOLITARIA

La carretera se desliza entre sombras violetas,
mientras las luces tenues la acarician con destellos dorados.
Susurran promesas de viajes inciertos,
dibujando senderos que se pierden en la penumbra. 

Los postes de luz parpadean con un pulso cansado,
como estrellas olvidadas en la orilla del asfalto.
Sus halos desvanecen la oscuridad apenas un instante,
dejando tras de sí un rastro de penumbra y nostalgia.

El anochecer se derrama en la piel del camino,
tiñéndolo de ocres y sombras danzantes.
El viento murmura secretos entre los árboles,
ecos de historias que nadie recuerda.

Y en la distancia, más allá del último resplandor,
la carretera se pierde en su propio silencio.
Un horizonte de luces que mueren despacio,
una senda que espera sin nombre ni prisa.


 BUSCANDO LA LIBERTAD

De joven que siempre había sentido una enorme necesidad de libertad. Desde pequeño, había sido un espíritu libre, siempre explorando el mundo y buscando nuevas aventuras. Pero conforme fui creciendo, me di cuenta de que la libertad no siempre era fácil de conseguir.

A medida que fui entrando en la edad adulta, me enfrenté a muchas situaciones que me hicieron sentir atrapado. Mi trabajo, mis responsabilidades familiares y mis obligaciones sociales me hacían sentir como si estuviera atrapado en una jaula invisible, sin poder escapar. Por más que intentaba encontrar la libertad, siempre parecía estar fuera de mi alcance.

Un día, mientras caminaba por el campo, vi a un halcón volando en el cielo. El pájaro era libre, capaz de volar tan alto como quisiera y explorar el mundo a su antojo. Sentí una punzada de envidia al verlo, pero al mismo tiempo, algo en el vuelo del halcón me inspiró.

Me propuse entonces encontrar la libertad, sin importar lo que tuviera que hacer para lograrlo. Decidí dejar mi trabajo y empezar a hacer lo que realmente le apasionaba: escribir. Me puse a escribir un libro que había estado gestando en mi mente durante años, y poco a poco, empecé a sentirme libre de nuevo.

Pero encontrar la libertad no fue fácil. A medida que escribía el libro, me se di cuenta de que necesitaba más que eso para sentirme realmente libre. Necesitaba alejarme de la ciudad, explorar nuevos lugares y conocer nuevas personas. Así que un día, decidí dejar todo atrás y embarcarme en un viaje de aventuras.

Viajé por todo el mundo, explorando nuevos lugares y viviendo nuevas experiencias. Conocí gente interesante, aprendí cosas nuevas y descubrí cosas sobre mi mismo que nunca antes había imaginado. Durante su viaje, encontré la libertad que tanto había estado buscando. Me sintió libre de las ataduras que me habían mantenido atrapado durante tanto tiempo, y me di cuenta de que la libertad no era algo que pudiera ser dado, sino algo que tenía que ser conquistado.

Al final de mi viaje, regresé a casa, pero ya no era el mismo. Había encontrado la libertad que había estado buscando, y había aprendido que la vida estaba llena de posibilidades. Ahora sabía que no importaba lo que la vida me deparara, siempre habría una manera de encontrar la libertad.

Al final, la búsqueda de la libertad es algo que todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas. Puede ser difícil de alcanzar, pero con esfuerzo y determinación, es posible encontrarla. A veces, la libertad está en lo que hacemos, y a veces está en lo que dejamos de hacer. Pero siempre está ahí, esperando a ser descubierta por aquellos que buscan la verdadera felicidad.


 ANSIEDAD Y CALOR

Me pregunto quién no ha oído hablar de la ansiedad y la angustia. Me pregunto también, quién no la ha padecido alguna vez.

Quien la sintió en sus carnes de forma casual o semi permanente, sabrá muy bien de lo que hablo. También este podcast será de utilidad a las personas que están cerca de quienes padecen ansiedad.

La ansiedad es una patología muy compleja, no son "nervios" y ya está, ni mucho menos. La ansiedad es un entramado de respuestas emocionales (qué siento), de respuestas cognitivas (qué pienso), de respuestas conductuales (qué hago), y de sensaciones fisiológicas (sudoración, taquicardia, falta de aire, temblor...)

El calor empeora todos los síntomas de ansiedad, quizás porque se le asemeja demasiado. Sentir los efectos del calor es casi igual que sentir ansiedad para quien la padece. La falta de sueño, el no pensar con claridad, sentirse aturdido, mareado, lento, olvidadizo...empeora cualquier estado de ansiedad y depresión. Las enfermedades físicas, sobre todo las crónicas tales como diabetes, problemas de tiroides, fibromiálgia, problemas cardíacos y respiratorios también se ven afectados con el calor.

Pero es que además nuestro cuerpo tiene una especie de "termostato" que está continuamente regulando nuestra temperatura y se ve completamente alterado cuando pasamos en minutos de un calor sofocante, a las temperaturas demasiado frías de los aires acondicionados. En serio que es demasiado estrés para nuestro cuerpo. Imposible adaptarse. Y el cuerpo se lo dice a nuestra mente y nos agota aún más, porque la mayoría de las veces no podemos intervenir en el frio polar de algunos locales, oficinas y centros comerciales.

Ni el calor sofocante ni el frío extremo.

El calor así mismo aumenta la irritabilidad y la agresividad, por lo que aumentan los conflictos. Los pensamientos suicidas también aumentan. Es como echar más sal a una herida, si no me gusta vivir, en estas condiciones aún menos.

Y algo que también influye muchísimo son los avisos constantes y aterradores de "olas de calor" " suben las temperaturas" ...junto con imágenes que parecen sacadas de un horno.

Eso influye tanto y tan negativamente que debería estar prohibido. No asustéis, dad soluciones y tranquilidad, eso sí que ayuda


 AFERRÁNDOSE A LA VIDA

Aún se ven algunos de esos hombres octogenarios pateando lentamente las calles de esta ciudad. Su atuendo les delata. Básicamente no ha cambiado con los años

Esos pantalones de tergal gris, planchados, con la raya marcada impecablemente. Anchos, y cómodos. De cintura alta, al estilo “Julián Muñoz”. Siempre sujetos con un cinto de cuero marrón ajado por el tiempo. Camiseta de tirantes debajo de la camisa de manga larga, ambas, embutidas en el pantalón. Siempre con calcetines y unas zapatillas de lona con elástico, casi siempre azules.

Es cierto que, en los últimos tiempos, esas zapatillas de lona con elástico se van sustituyendo por calzado de deporte, eso sí el más horrible y barato del mercado.

Hasta hace no muchos años, estas personas, casi todas, llevaban una boina negra de la marca Elosegui, de las que se usan por estos lares, impermeabilizada con tratamiento teflón, acabada con forro y badana de piel, 100% de lana de merino, muy adaptada a su cabeza. En la actualidad, los familiares de estas personas han aliviado un poco el calor de sus cabezas en verano, sustituyendo la boina por una simple visera, rompiendo la estética del “paisanín”.

Algunos con bastón otros sin él, los que se valen sin él, caminan lentamente largos paseos por la ciudad, con las manos a la espalda unida una con la otra.

Tal postura, en ocasiones tiene un significado de dominación, autoridad y todo lo relacionado con ella: seguridad, confianza, liderazgo, etcétera.

Eso es así porque la postura pone al descubierto las partes más vulnerables en el pecho y estómago.

Al dejarlos descubiertos en el lenguaje corporal, se transmite que se tiene tanta confianza que no importa exponerlas.

Además, el hecho de trasladar las manos hacia atrás, da un mensaje que no se teme ser atacado, Porque ostenta una figura de autoridad.

Sin embargo, tal postura puede significar que la persona adopta esta posición precisamente porque se siente insegura, especialmente si una mano sujeta a la muñeca de la otra.

Un indicio que quien adopta esta postura pretende auto controlarse, pero en realidad se siente inseguro, ansioso o enojado.

A mí en general me parecen hombres rudos, con unas vidas vividas en la austeridad y solo para el trabajo.

Ahora caminan solos, despacio, sin meta sin ilusión alguna. Como si fuesen muy conscientes de estar escuchando los últimos compases del gran concierto de la vida.

Les veo caminar por la ciudad y enseguida me miro en sus personas. Veo lo mismo que ellos ven, asfalto, semáforos, calor, gente que parece ir a alguna parte, caminando a toda velocidad, escaparates llamando la atención de los peatones, promesas, deseos… vida. Esa vida que nos lleva inexorablemente a ninguna parte, pero ellos lo saben, lo notan, lo sienten.

No dicen nada, siguen caminando mientras suena en su interior el Acto III o desenlace de la ópera de la vida. Sujetando fuerte una mano con la otra en la espalda, sin duda es lo único que les queda, ellos mismos, solos, a pecho descubierto, esperando la apoteosis que nos tiene preparada la existencia.

sin miedo a nada, sabiendo que la vida, tan solo es un suspiro, una ilusión de verano.

También podrás escucharlo en:  https://youtu.be/hIvAW0Psnro  


 ABURRIMIENTO NO. GRACIAS.

La convalecencia, ese periodo de recuperación tras una intervención quirúrgica, puede ser una experiencia desafiante tanto física como emocionalmente. Durante este tiempo, normal que te enfrentes a largos periodos de inactividad, lo que puede derivar en aburrimiento e incluso en sentimientos de frustración o ansiedad. Sin embargo, este tiempo de reposo también puede convertirse en una oportunidad para la introspección, la creatividad y el desarrollo personal. Controlar el aburrimiento durante la convalecencia requiere una combinación de estrategias prácticas, actividades adecuadas a la condición física y una actitud positiva hacia el proceso de recuperación.

1. Aprovechar el Tiempo para Aprender

Una manera efectiva de combatir el aburrimiento es dedicarse a adquirir nuevos conocimientos o habilidades. Con acceso a recursos como libros, cursos en línea y tutoriales en video, el aprendizaje puede ser una actividad estimulante que no requiera un esfuerzo físico significativo. Por ejemplo, aprender un nuevo idioma, estudiar historia o explorar temas de interés personal pueden llenar las horas con propósito. Además, estas actividades no solo mantienen la mente ocupada, sino que también pueden aumentar la sensación de logro y satisfacción personal.

2. Fomentar la Creatividad

La creatividad es una herramienta poderosa contra el tedio. Actividades como dibujar, pintar, escribir o tejer pueden ser terapéuticas y gratificantes. Para quienes prefieren escribir, llevar un diario puede ser una forma de reflexionar sobre la experiencia de la convalecencia y registrar pensamientos, metas y emociones. Este enfoque no solo combate el aburrimiento, sino que también promueve la salud mental, ayudando a procesar cualquier preocupación relacionada con la recuperación.

3. Mantenerse Conectado Socialmente

El aislamiento social durante la convalecencia puede intensificar el aburrimiento. Por ello, es importante mantenerse conectado con amigos y familiares. Las videollamadas, los mensajes de texto o incluso las cartas escritas a mano pueden proporcionar una sensación de cercanía y apoyo emocional. Compartir experiencias y recibir palabras de ánimo puede mejorar el estado de ánimo y hacer que el tiempo pase más rápido.

4. Incorporar el Ejercicio Ligero

Cuando la condición medica lo permita, ir incorporando el ejercicio ligero puede ser una manera efectiva de romper la monotonía. Ejercicios suaves como estiramientos, yoga o caminatas cortas dentro de casa pueden estimular la circulación, mejorar el ánimo y ayudar en el proceso de recuperación. Consultar al médico antes de realizar cualquier actividad física es esencial para evitar complicaciones.

5. Planificar el Día

Tener una rutina diaria estructurada puede proporcionar una sensación de control y propósito. Dividir el día en bloques para actividades específicas, como leer, ver películas, meditar o trabajar en pasatiempos, ayuda a evitar el estancamiento. Además, una planificación consciente permite priorizar el descanso, que es fundamental para la recuperación.

6. Practicar la Atención Plena

La meditación y la atención plena son herramientas valiosas para enfrentar el aburrimiento y la ansiedad. Estas prácticas ayudan a centrar la mente en el presente, reduciendo la rumiación sobre el tiempo perdido o la preocupación por el futuro. Incluso unos minutos al día pueden tener un impacto positivo en la salud mental y emocional.

Para finalizar

La convalecencia puede parecer un obstáculo, pero también es una oportunidad para el auto cuidado y el desarrollo personal. Combatir el aburrimiento requiere un enfoque activo que combine aprendizaje, creatividad, conexión social y ejercicio moderado, adaptado a las circunstancias. Con una actitud positiva y un plan claro, este periodo de recuperación puede transformarse en una experiencia enriquecedora que fomente tanto la salud física como el bienestar emocional.


 A PROPÓSITO DEL CAMBIO

Si hubiera un par de verdades dignas de reseñar, por las que todos hemos de pasar, me inclinaría por el CAMBIO y la MUERTE,

Por el cambio todos pasamos, desde que nacemos, hasta el ocaso. Por la muerte, ni te cuento.

Así pues, estas dos verdades, se convierten en los dos hechos democráticos por antonomasia. Cierto que se extienden por todo el planeta y cierto que afectan a todas las criaturas. Esa certeza, no deja de serlo por el hecho de que ambas dos verdades se produzcan a diferente ritmo y en tiempos desiguales.

El cambio en las personas, va a su ritmo, me refiero al cambio físico.

Yo cantaba en el coro del instituto. A los 9 años mi voz de tiple I, me situaba cerca de Amanda. Nunca estuve tan cerca de ella. Su aliento movía mi melena pelirroja al tiempo que podía adivinar lo que había tomado para la merienda. Amanda era la deseada de todo el coro, pero solo yo podía notar el batir del aire que salía de sus pulmones.

Con 11 años, mi suerte cambió por completo. Comenzaban a salirme los primeros pelos en la cara y en el bigote, mi nariz chata (como la de mi madre) se tornó como por arte de magia, en una nariz aguileña, no de gran tamaño, pero aguileña. Ese hecho me produjo un grave complejo que arrastré prácticamente hasta la mayoría de edad.

Mi voz cambió repentinamente. D. Adolfo, el director del coro, coloco mi voz al lado de los tenores. Solo chicos. Fui a caer justo al lado de mi mayor enemigo Juvenal Rojo. Mis días de amor y gloria junto a Amanda se habían visto truncados para siempre, por un ligero cambio en mi voz.