sábado, 29 de noviembre de 2025

 EL COMPORTAMIENTO

El comportamiento es un río que fluye entre las piedras del tiempo,

una danza sutil entre lo aprendido y lo instintivo,

una sombra que se alarga con la luz de la experiencia, una melodía que entonan las manos al tocar el mundo.

Es el eco de la infancia en la voz de los adultos, el reflejo de un gesto en el espejo de otro, el cauce que traza el deber y la pasión, el límite invisible entre la costumbre y la rebelión.

 A veces es un hilo de seda que une miradas, una cortesía envuelta en la fragilidad de un susurro, el arte de ceder sin perderse, la nobleza de hablar con los ojos cuando el alma tiembla.

Otras veces es un muro que crece entre dos cuerpos, una barrera erguida por el orgullo y la torpeza, el peso de un silencio que no sabe pedir perdón, la dureza de un puño donde debió nacer una caricia.

El comportamiento es un mapa sin brújula fija, un territorio dibujado por la historia y la herencia, la voluntad de cambiar el rumbo cuando el viento exige, el coraje de detenerse cuando el paso hiere.

Es el arte de tejer encuentros con hilos de respeto, la belleza de contener la ira en un vaso de paciencia, el instinto domado por la razón, la razón suavizada por la ternura.

Unos lo llevan como una armadura impenetrable, otros como un traje de agua que toma la forma del día, pero todos, en algún rincón de la piel, guardan la esencia del niño que aprende a dar la mano.

Porque el comportamiento es la escritura de nuestra presencia, un idioma que se habla con actos y silencios, la huella que dejamos en los ojos ajenos, el espejo en el que aprendemos a ser humanos.

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