jueves, 5 de enero de 2023

TU DESTINO. VÍVELO.

Es cierto que la Real Academia de la Lengua Española viene a definir como DESTINO al lugar o establecimiento en que alguien ejerce su empleo. O como meta o punto de llegada.

Los humanos, al menos, los del siglo XXI, tendemos a relativizar mucho las cosas y a simplificarlas demasiado.

No hay tiempo para la reflexión, dedicamos poco tiempo para al pensamiento. Ello nos distrae mucho con las cosas banales de cada día y en ocasiones abandonamos las cosas importantes.

Pensar que el destino es un lugar o una meta en cierto modo es verdad porque el destino final del ser humano es incuestionable, es la muerte, el crematorio, el cementerio.

Sin embargo, cuando uno busca en su interior desde la perspectiva del tiempo, la experiencia vivida, enseguida se da cuenta que el destino, es mucho más que un lugar, que una meta. El destino es la escuela del aprendizaje de todo lo que no se enseña en las universidades o institutos. El destino es la búsqueda de las respuestas que nos han obsesionado a lo largo de los siglos: de dónde venimos, quienes somos y a dónde vamos.

El destino no solo es un lugar o una meta. el destino es el fruto de toda la experiencia de la vida, de las vivencias, de las sensaciones, de los sentimientos…

Los años vividos configuran nuestro destino. Encontrarlo, no es fácil y encontrarlo al final de la vida tras un análisis concienzudo de todo el tiempo vivido, tampoco es fácil, porque, a veces desde la distancia del tiempo, solemos novelar demasiado nuestras propias experiencias.

Pasamos por la vida en un constante proceso de aprendizaje que solo se detiene cuando nuestro cerebro deja de funcionar. Ese es el destino del ser humano: Crecer, aprender y transmitir lo aprendido a las generaciones venideras. En ese proceso, la meditación y el estudio de nosotros mimos como individuos sociales e fundamental.

No hagamos que nuestro destino se convierta tan solo en un lugar donde vivir o un punto de llegada de nuestras ambiciones y deseos.

También podrás escucharlo en:  https://youtu.be/a3pJeMNDaoc 



 

COMUNISMO O LIBERTAD

El pasado mes de mayo de 2021 tuvo lugar un hecho más que insólito en la Comunidad Autónoma de Madrid.

La falacia, la mentira, las verdades a medias, ganan a la política de clase. Ayuso gana, Pablo Iglesias deja la política.

Estas dos noticias deberían hacernos pensar en que fue lo que pasó. Compramos el discurso de comunismo o libertad, entendida la libertad, como la de tomarse unas cañas y unos calamares, en los bares de Madrid, abiertos en medio de una pandemia que arrasaba con vidas humanas y bloqueaba los hospitales.

Ese discurso engañoso y trumphista, fue aplaudido y comprado por miles de ciudadanos y ciudadanas, elevando a una segunda legislatura a la que hoy es presidenta de la comunidad de Madrid.

Por aquellos días, esta señora, culpaba al ex vicepresidente del gobierno de las muertes de miles de mayores en las residencias para la tercera edad, que no fueron derivados a los hospitales por orden expresa de la Comunidad de Madrid y muchos murieron como perros abandonados tras una vida de lucha y trabajo.

 En poco tiempo la Presidenta de la CAM despidió a más de 6000 sanitarios, entró en conflicto directo con los Taxistas, la hostelería hoy, se ha levantado por las terrazas y los horarios, la enseñanza pública cada vez más privatizada, la sanidad pública en precario, cada día más en precario si cabe. Esto es lo que están viviendo los madrileños que apostaron por las cañas y los calamares en libertad.

Sin embargo, hoy, 13 de noviembre, a tan solo año y medio de aquel fatídico 4 de mayo, MADRID SE LEVANTA y miles y miles de madrileños y madrileñas se manifiestan al grito de Ayuso dimisión. Es hora de despertar y cuando veamos discursos facilones como el de bajar los impuestos, que Sánchez es muy malo, que los catalanes no nos quieren, comunismo o libertad, que ETA está en el gobierno, y otras lindezas que repiten como loros algunos políticos, HO HAGAMOS CASO, NO NOS DEJEMOS LLEVAR POR UN INSTANTE DE IDIOCIA, porque si lo hacemos, lo pagaremos caro.

Ahora, los derechos sociales en Madrid, habrá que volver a conquistarlos porque la sanidad, la educación, los derechos sociales conquistados, se han ido por el sumidero del wáter.

Los madrileños se han hartado. Me sumo a la petición de dimisión de la señora Ayuso.

También puedes escucharlo en: https://youtu.be/mqC7BaRSiok

martes, 13 de diciembre de 2022

 LAS AFICIONES

Echando la vista atrás puedo hacer un rápido repaso de mis aficiones y del tiempo que las mismas han ocupado mi vida.

Si soy sincero tampoco ha habido tanta propensión a demasiadas cosas, lo que puede suponer que mi vida haya sido algo sosa, poco trepidante.

Por otro lado, mis afinidades tampoco han sido tan espectaculares como para convertirme en una persona nada especial a través de ellas.

La niñez que me tocó vivir, traía consigo necesariamente un conjunto de pasatiempos o distracciones del que no podías escaparte. Al igual que hoy los niños están invadidos por la electrónica y la informática, en mis tiempos, la habilidad, la improvisación y la capacidad de adaptación, nos proponían situaciones lúdicas diversas, tales como: La rayuela, Las canicas, La cometa, Matraca, Trompo o peonza, Yo-yo, el tacón o las pelis, etc., y especialmente la socialización con amigos, familiares y compañeros.

Allá en la adolescencia todo cambió repentinamente, y más en mi caso, que tuve que pisar suelo de internado durante varios años.

A los 12 años, tras una pequeña borrachera que me llevo directo a la enfermería de la Universidad Laboral y que me mantuvo tres días ingresado, al recibir el alta, me fui directo a la ducha. De pronto me encontré delante del espejo y no era capaz de reconocerme. Me había crecido un bigote y una barbilla mazo tupida, y lo peor, mi nariz que antes era chata como la de mi madre, en esos tres días se tornó aguileña como la de mi padre. Mi voz dejó de ser angelical. Sí, es cierto, todo ello junto me traumatizó durante meses incluso un par de años. No había hombro en el que llorar así que lo más práctico fue asumir tanto cambio repentino.

Con el cambio llegaron nuevas aficiones: la lectura, el teatro, el mimo, el voleibol, la esgrima, la fotografía, la radio y, especialmente las chicas. Me gustaban todas, cada una a la que echaba el ojo, tenía algo a lo que asirme para pelear por conseguirla.

Varias de estas aficiones me han acompañado toda la vida. Algunas de ellas, las incorporé a mi vida profesional, dándole un gran valor añadido, a la vez que me han servido de válvula de escape.

Hace unos años, mientras esperaba en el coche a una amiga que había entrado en una heladería céntrica, me quedé absorto mirando el suceder las gentes. Mientras observaba fortuitamente a través de mis oscuras gafas de sol el transcurrir de la gente en aquélla concurrida calle, pensaba en lo que podría mover a cada una de las personas. Sus intereses, sus frustraciones, sus anhelos, sus esperanzas…

Todas las personas, parecían tener un destino próximo, un lugar al que llegar, como si la vida nos llevase a algún sitio. Pensé entonces en aquéllas interminables pistas de tierra, en aquéllos caminos de África que recorrí. Caminos que llevaban a ninguna parte, pero que a su vez eran transitados por personas, todas caminando descalzas, con el diminuto equipaje en la cabeza. Todas parecían ansiosas por llegar a su destino. Sin embargo, a mí me parecía una estampa dantesca. Caminos recorridos hacia la nada. Caminos de incertidumbre, de pesar, de desolación.

Mientras mi amiga llegaba con los helados, volví a tener esa sensación de desasosiego que tuve en África con el transcurrir de las personas. Sensación de vacío existencial, siendo consciente de que ningún camino nos lleva a ningún destino. Que el camino se recorre sin más porque la opción de permanecer inerme no es condición del ser humano. Llegaron los helados, el mío de limón.

De vuelta a casa me di cuenta que tenía necesidad de profundizar en aquel pensamiento, y, con frecuencia aparcaba mi viejo coche en calles muy concurridas persiguiendo hasta donde la vista me alcanzaba a personas desconocidas. Al pasar, notabas que cada persona tenía una tarea, un fin, un destino. Sin embargo, desde mi posición sabía que todo era efímero, sin valor, sin objetivos, sin futuro. Eso sin futuro, porque el futuro era aquel instante en el que todo sucedía y después de ese instante, ya todo era pasado, novela en el recuerdo, nada.

Tantas horas observando, que un día experimenté una sensación estremecedora. Noté que alguien me observaba a mi mientras yo hacía lo propio con las personas. Enseguida me metí en la mente de lo que podría estar pensando aquel potencial observador. Fue brutal. Supe, que las personas que paseaban hacia ninguna parte, sin futuro sin nada nuevo bajo el sol, estaban haciendo el ejercicio vital de supervivencia, de vivir el instante, lo único que tenemos. Moviéndose en sus propias cárceles, cada cual, en virtud de sus posibilidades, con celdas más grandes y con mayor recorrido. Otros en celdas menores con un recorrido no mayor a cuatro calles. ¿pero yo? ¿Qué hacía yo?

Inmóvil, sentado en mi choche, observando como los demás consumían parte de sus vidas, entretenidos, como si todo fuera una certeza y no un juego del destino. Sentado viviendo las vidas inventadas de cada peatón, sintiendo por los demás. Observando como “dios” observa a las criaturas. Sin vida propia, sin destino, sin camino a recorrer. Sin duda una nueva afición peligrosa. Mucho más peligrosa que todas las que viví anteriormente.

viernes, 9 de diciembre de 2022

 INTRUSO NOCTURNO

Microrrelato 

Con tan solo 10 años de edad presencié un acto violento de maltrato a mi madre. 

Lo he llevado el resto de mi vida conmigo.

Eso me convirtió en una persona cobarde, retraída y temerosa de todo.

Confieso que no lo vi venir. Llegó, nunca mejor dicho, como ladrón en la noche. Creí morir de miedo.

Para entonces ya tenía 44 años. Los ruidos nocturnos en la cerradura de la puerta de casa me dejaron paralizado. Respiraba con dificultad, un sudor frío recorría mi cuerpo. Tembloroso me acerqué a la puerta.

Con su chirriar característico, la puerta se fue abriendo lentamente. Una persona encapuchada ante mí con un cuchillo amenazador en la mano.

No sé cómo pude, pero mientras me abalanzaba sobre el intruso nocturno, tan solo veía a mi padre agrediendo a mi madre aquella calurosa tarde de junio.

Tras un largo forcejeo logré reducirlo en el suelo.

Me vinieron muchos pensamientos de lo que no pude hacer ni decir con tan solo 10 años. Era como si el destino me hubiera dado una segunda oportunidad de poner fin a las afrentas de mi padre a mi mamá.

Sentí como si hubiera nacido de nuevo, sin miedos, sin temores, sin agachar la cabeza, libre al fin.

Después de más de 30 años, logré vencer a los fantasmas del pasado, y, en cierto modo fue como liberar a mamá del yugo de mi padre.

Pongamos fin a la violencia machista con todas nuestras fuerzas y con todos los recursos a nuestro alcance, tengamos la edad que tengamos. No permitamos nunca la barbaridad sobre la mujer tan solo por el hecho de ser mujer. 

También puedes escucharlo en:  https://youtu.be/AqiYcxAFs20

lunes, 24 de octubre de 2022

 AYER ÉRAMOS PEQUEÑOS

Ayer éramos pequeños, pequeños de verdad de esos de 10 y 12 años de edad. Sin embargo, cuán distintos éramos a los pequeños de hoy. Ello no es ni mejor ni peor, pero la distancia que nos separa, es la misma distancia que separa nuestros tiempos, o nuestras épocas, Es difícil echar la vista tan atrás y poder percibir quienes fuimos con claridad, sin que nuestro cerebro tienda a novelar aquello que, ocurriendo, no fue tan exacto como a veces afirmamos.

Como muchas otras, mi familia era una familia numerosa, no de las más numerosas, pero había además del perro, los gatos, la tortuga y las palomas; cuatro hijos y naturalmente el padre y la madre.

Lógicamente clase trabajadora con pocos recursos. Yo era el pequeño. A mí me parecía que aquella familia, mi familia, era feliz. Es cierto que poco sabía yo sobre ese concepto, pero tenía la sensación de que todo estaba en su sitio. Todo era como yo imaginaba que debía ser. El rigor y el silencio a las 13.30 horas durante la comida hasta que mi padre se levantaba de la mesa, entonces ya se podía hablar. Las meriendas de pan con chocolate o pan con aceite y azúcar, delicioso y algún amigo o amiga de mis hermanas mayores que venían con frecuencia a casa, aportaban un sabor especial a aquéllas tardes aciagas. A las nueve, la cena. A las 9.30 mi madre hacía que todos estuviéramos en la cama ya que mi padre llegaba a las 10 de la noche, puntualmente.

Algunos días, preferentemente los sábados y los domingos, veíamos la TV todos juntos. Sí, solo había dos canales y la TV era en blanco y negro. No había mando a distancia, por lo que el volumen lo fijaba mi padre que tenía un oído de la ostia. No se podía hablar si querías enterarte de algo y mi padre, no nos dejaba tocar el volumen. Eso en su presencia. Recuerdo que esas jornadas que deberían ser súper divertidas, se convertían en algo difícil de soportar.

Lo mejor, cuando salíamos a la calle a jugar con los amigos. Las madres de vez en cuando se asomaban a las ventanas para cerciorarse de que todo estaba bien. Cuando nos llamaban para la cena, había que subir rápidamente, si no querías un castigo del 10.

Con una moneda de 10 céntimos de peseta, nos compramos en el kiosco de la calle, un cigarro de ideales y una cerilla. No sabíamos muy bien cómo iba a resultar la experiencia. Nos escondimos detrás de un árbol y encendimos. La primera calada la dio mi hermano, era el mayor (10 años). Después yo. solo tenía 9 años.

Entre toses y los vómitos, decidimos deshacernos del cigarrillo. Me tocaba a mí. De pronto una conocida voz (mi padre), dijo. ¿Qué hacéis ahí? Pensamos que el castigo sería tremendo. Fue peor, nos obligó a terminar el pitillo hasta el final. Nunca volvimos a fumar.

miércoles, 19 de octubre de 2022

 SANA, SANA CON UNTO DE RANA.

Estas eran las palabras mágicas que pronunciaba mi madre para atenuar mi dolor de tripa, mientras con sus cálidas manos daba un masaje circular en mi pequeño vientre… Sana, sana, con unto de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana…

Mientras el dolor iba remitiendo por momentos, yo me preguntaba una y otra vez como se podría obtener el unto de rana… y cómo algo así podía librarme de aquél horrible dolor de barriga.

Conocíamos muy bien en casa el unto de cerdo. Y el tocino de cerdo, lo conocíamos muy bien porque con el unto, mi madre preparaba un caldo gallego riquísimo, caliente, sabroso, curativo… Pero recuerdo que siempre estábamos vigilantes mi hermano y yo, por si nos topábamos entre los grelos y las patatas, un trozo de aquél unto que se nos antojaba nauseabundo por su aspecto grasiento y blanquecino… Nada, nunca encontrábamos nada era increíble, el unto estaba en la olla, pero nadie lo podía ver…

Igual que cuando mi madre me frotaba el vientre… solo que con la grasa o el unto de una rana… era invisible y mágico, porque el dolor se iba disipando al tiempo que mi madre repetía una y otra vez: sana sana con unto de rana, si no sanas hoy, sanaras mañana.

Cuanta sicología había en nuestras madres, que apenas sabían leer y escribir… y que poco saben nuestros hijos universitarios, a pesar de su gran formación, tienen la cabeza abotargada por las redes sociales, y la red de redes.

También podrás escucharlo en:  https://youtu.be/nB7ghoQRndg  

 

lunes, 10 de octubre de 2022

SE COLOCAN LAS LETRAS UNA TRAS OTRA

SE COLOCAN LAS LETRAS UNA TRAS OTRA
 y al hacerlo, siento que algo toca su fin. Se colocan las letras una tras otra como si conocieran su destino, como si tuvieran existencia propia. No sirve cualquier letra para darme cuenta de algo que termina, de algo que se acaba. No me gusta la cambria ni la calibrí ni la arial ni la verdana. Solo escribo con la bastión, con la bastión 12 y justificada. No sé porque me gusta justificarlo todo. Limpia, cuerpo 12 y justificada, la palabra me enseña el vacio que hay en el alma. La vida se acaba.
De otras vidas vividas me viene un especial recuerdo con olor a naftalina. La academia de mecanografía y taquigrafía de la calle Cardenal Landázuri.
El galopar ensordecedor de las viejas Underwood machacando sin cesar el sándwich de papel y calco. El tufo a disolvente utilizado en la limpieza de los tipos de las máquinas. La luz tenue de de las bombillas de incandescencia. El profesor en medio de la sala observando a cada alumno.
Era el taquígrafo de la Diputación, funcionario. Había montado en el salón de su casa un negocio para ocupar sus tardes y rentabilizar así la sabiduría acumulada a través de décadas de taquimecanógrafo.
Diez metros cuadrados de salón. Diez mesas con sus respectivas maquinas de escribir Underwood. Una vez sentados nadie se podía mover del sitio hasta finalizar la sesión de prácticas. Una hora golpeando aquéllas duras teclas, q w e r t. p o i u y. qwert poiuy. Asdfg ñlkjh. Zxcvb .,mnb. Y vuelta a empezar. Cada dedo una tecla, cada tecla una letra. Cientos de veces, miles de folios. Cuantos árboles caídos. Qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy.
Ocupó mi mente muchos días y muchas horas cada día qwert poiuy. No significaba nada pero tenía un sonido mágico un poder especial, daba la sensación de libertad de gozo, de placer. qwert poiuy. No sucedía lo mismo con Asdfg ñlkjh. Mis sensaciones eran justo contrarias a qwert poiuy y sin embargo todas eran palabras vacías y sin sentido alguno. Mientras colocaba el papel y el calcante en el tambor de la máquina sentía una cierta avidez por comenzar a golpear las viejas teclas de la Underwood. Ningún error, ni un solo fallo qwert poiuy. Era algo mágico, algo positivo.
A medida que el otoño penetra en mi piel dejándome un amargo sabor a depresión, asdfg ñlkjhg se hace presente en mi cerebro transportándome en el tiempo a la calle Cardenal Landázuri, a la umbría academia de taquimecanografía donde repito una y otra vez, asdfg ñlkjhg, asdfg ñlkjhg, asdfg ñlkjhg. Asdfg ñlkjhg de malos presagios, de mal fario, de algo que toca a su fin.

sábado, 8 de octubre de 2022

 A PROPÓSITO DEL CAMBIO

Si hubiera un par de verdades dignas de reseñar, por las que todos hemos de pasar, me inclinaría por el CAMBIO y la MUERTE,

Por el cambio todos pasamos, desde que nacemos, hasta el ocaso. Por la muerte, ni te cuento.

Así pues, estas dos verdades, se convierten en los dos hechos democráticos por antonomasia. Cierto que se extienden por todo el planeta y cierto que afectan a todas las criaturas. Esa certeza, no deja de serlo por el hecho de que ambas dos verdades se produzcan a diferente ritmo y en tiempos desiguales.

El cambio, en las personas, va a su ritmo, me refiero al cambio físico.

Yo cantaba en el coro del instituto. A los 9 años mi voz de tiple I, me situaba cerca de Amanda. Nunca estuve tan cerca de ella. Su aliento movía mi melena pelirroja al tiempo que podía adivinar lo que había tomado para la merienda. Amanda era la deseada de todo el coro, pero solo yo podía notar el batir del aire que salía de sus pulmones.

Con 11 años, mi suerte cambió por completo. Comenzaban a salirme los primeros pelos en la cara y en el bigote, mi nariz chata (como la de mi madre) se tornó como por arte de magia, en una nariz aguileña como la de mi padre, no de gran tamaño, pero aguileña. Ese hecho me produjo un grave complejo que arrastré prácticamente hasta la mayoría de edad.

Mi voz cambió repentinamente. D. Adolfo, el director del coro, coloco mi voz al lado de los tenores. Solo chicos. Fui a caer justo al lado de mi mayor enemigo Juvenal Conde. Mis días de amor y gloria junto a Amanda se habían visto truncados para siempre, por un ligero cambio en mi voz.

Más tarde comenzaba a cambiar la forma de expresarme, mi temperamento, mis gustos por las chavalas, mis inquietudes sobre el futuro, sobre la opinión de los demás… mis primeras ideas políticas…

Por esa época estaba en un internado franquista, dirigido por gentes del OPUS DEI. Cierto que no sabíamos nada del OPUS, ni de casi nada. Solo sabíamos obedecer sin rechistar. Recuerdo meridianamente un hecho que me marcaría para siempre. En el comedor nos juntábamos más de trecientos chicos (no era mixto). La comida era un horror. En cada mesa, y siempre en el mismo orden, desayunábamos, almorzábamos y cenábamos, 24 internos. Fue una sopa de lentejas la que cambió mi vida para siempre. Las señoras que atendían el comedor eran muy tiernas con nosotros, nos advertían que deberíamos comer para que no fuéramos represaliados por los jefes de comedor. En cada mesa ponían 6 fuentes de sopa, para que cada 4, nos sirviésemos. Como protesta a aquella cena carcelaria, se me ocurrió romper el tenedor de postre y arrojarlo a la fuente de la sopa de lentejas. Mi compañero y amigo G.Benéitez, me acompañó en la gesta. Sin mediar palabra, los 24 de la mesa hicieron lo propio. Las señoras de cocina retiraron las fuentes para traer el segundo plato y enseguida se dieron cuenta de lo que pasaba. A la hora de abandonar el comedor, se acercó el director ordenando que nadie de nuestra mesa se levantase. Supimos entonces a lo que nos enfrentábamos.

Desalojado el comedor, solo quedábamos los 24 comensales de nuestra mesa. Silencio sepulcral, todos mirando a la mesa sin pestañear. De pronto una voz de mando: ¨solo lo repetiré una vez, quien es el responsable de esto ?¨ . Nada todo el mundo en silencio… de nuevo la voz: ¨estaremos aquí sentados y en silencio hasta que aparezca el responsable¨.

Entendí que debía ponerme en pie y asumir algo que jamás había indicado a nadie que hiciese. Entendí también que entre los chavales sobraban las palabras para protestar por algo. Igualmente entendí en ese preciso instante de mi vida, que yo era un líder innato.

Me puse en pie y dije: la comida de este sitio es una auténtica basura, que no estoy dispuesto a seguir comiendo, antes prefiero que me expulsen. Nadie se puso de mi lado, nadie fue sancionado. Me expulsaron. Supe que las comidas fueron algo mejores a partir de entonces.

A los 12 años, solo 12, mi vida cambió, descubrí que ya no era un mocoso caprichoso a quien sus padres llevaron a un internado, ahora era alguien dispuesto a dar la cara, a luchar por los demás. También fui consciente de que a veces dar la cara por los demás es muy duro, a sabiendas que los demás no están en disposición recíproca. Años más tarde, participé muy a fondo en las luchas sociales del país, en la política, en movimientos vecinales… en dar la cara…

miércoles, 18 de diciembre de 2019

UN AÑO DESPUÉS


UN AÑO DESPUÉS
  
Sí, ya ha transcurrido un año. Nadie hubiera podido imaginarlo y mucho menos yo.
Ahora mi edad ha cambiado. Tengo un año y un mes. Esta es mi nueva vida, puedo hacer lo que quiera, tengo otra vida por delante.
De momento comparo mi nueva vida con la anterior y detecto que estoy cometiendo los mismos errores que en la otra cometí.
 
Sin embargo, en esta, no necesito aprender a hablar ni a escribir ni a caminar ni a nada de esas cosas banales que todos tuvimos que pasar con mayor o menor esfuerzo. 
 
Lo difícil está en saberse, en notarse, en quererse, en darse cuenta que no solo estás vivo, sino que estás viviendo. Yo de momento, vivo, pero no estoy viviendo aquello que debería, dadas las circunstancias de caducidad que la vida proporciona.
 
Hay cosas y personas de la otra vida, que añoro, y ya no están a mi alcance. Esta vida nueva debería estar desprovista de los años vividos y del recuerdo. 
 
Hay tantas personas que no conocí, tantos lugares a los que no fui, tantos besos que no di..., todo ello tenía su momento, ahora es imposible e innecesario. Es como sacar el carnet de conducir a los 60 años o tratar de aprender un nuevo idioma con esa avanzada edad.
 
No obstante, un año y pico después de mi nuevo nacimiento, estoy aquí, si aquí en el mismo lugar que ocupaba, conformándome cada vez con menos, necesitando cada vez menos, deseando cada vez menos. Siendo menos. Unos dicen que menos, es más, y puede que tengan razón. En mi caso, menos es menos de cojones.
 
Es cierto que, en esta nueva versión de mí mismo, aprecio mejor los sabores, los olores, los colores, los sonidos. Los aprecio con más exactitud. Sin quererlo, las cosas se suceden como más meditadas, más referenciadas con mi nueva fecha de nacimiento. Todo adquiere un significado que antes no había, quizás por ello me he vuelto más sensible y más pétreo a la par. Algo inexplicable que hace que perciba los momentos vitales como un regalo, con su impresionante e imposible envoltura que vas desgarrando lentamente hasta llegar a encontrarte con su frágil contenido. 
 
Aprecio del mismo grado las noches insomnes llenas de terribles y agotadoras pesadillas, que ese café reconstituyente de las mañanas o ese paseo entre ríos y arboledas con el sol de poniente, escuchando de cuando en cuando el canto de los jilgueros. Todo adquiere una nueva dimensión, un nuevo relieve. Necesitas que todo suceda con los cinco sentidos, que suceda rápido, que suceda todo. 
 
Nacer de nuevo es una experiencia que, siendo poco recomendable, es a la vez una experiencia que todos deberíamos vivir. Nos hacer ser aparentemente mejores de lo que fuimos en la otra vida, desarrollamos ese sexto sentido que estaba latente y que apenas tuvimos ocasión de escucharle. Ese sentido que nos hace ser conscientes de lo que somos, lo que perdimos y, especialmente, a donde vamos.
 
Ahora pongo mi pensamiento en estas líneas, en una tarde aciaga, lluviosa y triste mientras escucho con atención los compases de la música de Pepe Lienhard Big Band - The Midnight Sun Will Never Set. 
 
Entiendo que os pueda parecer una situación gris y sin aliciente alguno. Tenéis razón. Es como una pérdida de tiempo. 

Pero queridos amigos y amigas, siento deciros que hagáis lo que hagáis, el tiempo se pierde inexorablemente. Lo importante es ser consciente de ello. Quiero decir, plenamente conscientes de ello. Cada tic tac cada latido, cada respiración, es única e irrepetible y por ello hay que disfrutarla al máximo.
Las personas que perdí y ya no volveré a ver jamás, viven en mi recuerdo cada día, Ahí las veo, las pienso, las hablo y las reprocho haberse ido, pero ese es nuestro destino, nuestro único destino verdadero y el más democrático, No distingue a ricos de pobres, a blancos de negros, a jóvenes de mayores…
 
La peor sensación, está en las personas que has perdido, pero siguen ahí al lado y sin embargo está menos accesibles que los que se fueron definitivamente. Cada día piensas como recuperarlas, aunque eres consciente que esa es una tarea imposible. Te dejas caer por las calles que frecuentaban con la esperanza de que un encuentro casual pueda resolver de golpe, aquello de lo que tú no eres capaz.
Dedicado especialmente a ti.